El sistema financiero, esa compleja red que irriga la economía nacional, mostró en abril de 2025 un pulso desacelerado. La liquidez del "Panorama Financiero" - la suma del Banco Central (BCE) y las Otras Sociedades de Depósito (OSD) [1, 3] - registró un descenso notable, pasando de USD 2.056,4 millones en marzo a USD 1.256,6 millones [1]. Una contracción de cerca de USD 800 millones en un solo mes. Este dato, frío en su magnitud, es un espejo fiel de las transacciones económicas [2], y su mayor parte, un aplastante 83,6%, se debe a las operaciones del sector privado [1]. Aquí reside una primera clave: el destino de la liquidez pende, en gran medida, del aliento empresarial y ciudadano.
Las OSD - esa amalgama de bancos, cooperativas, mutualistas y entidades estatales [3, 4] - fueron el motor principal de la variación de liquidez, aportando USD 1.273,7 millones [4]. Sus fuentes principales, según el informe [5, 6], son reveladoras: el aumento de las captaciones del sector privado por USD 1.050,5 millones [5-7]. Un torrente de dinero que, al diseccionar, muestra una distinción crucial: mientras los depósitos empresariales disminuyeron en USD 257,1 millones mensualmente (aunque con una variación anual positiva del 11,8%) [7], los depósitos de los hogares explotaron con un incremento de USD 1.307,6 millones [7], exhibiendo una robusta variación anual del 18,1% [7]. ¿Qué nos dice esto? ¿Un sector productivo que retira recursos o una mayor prudencia inversora? ¿Hogares que, quizás por la incertidza, prefieren el ahorro líquido? La composición por instrumento añade más matices: los depósitos a la vista cayeron, pero los a plazo y de ahorro crecieron sustancialmente [7]. Una liquidez que se inmoviliza en el sistema.
¿Y a dónde va esa liquidez? El principal uso de las OSD fue, en efecto, el crédito al sector privado, con un incremento de USD 675,3 millones [6, 8, 9]. A primera vista, una señal de dinamismo. Sin embargo, la radiografía completa revela una dualidad preocupante: si bien la cartera por vencer (crédito nuevo o vigente) creció en USD 510,8 millones [9], la cartera vencida también se expandió en USD 82,8 millones [9]. Profundizando, la cartera vencida de las empresas bajó ligeramente [9], pero la de los hogares subió drásticamente en USD 86,7 millones [9]. Es una paradoja: el crédito fluye, pero simultáneamente, más hogares enfrentan dificultades para pagar. ¿Es la expansión del crédito sostenible ante este incremento de la morosidad doméstica?
Las OSD también movieron sus fichas en el tablero internacional. Los activos externos aumentaron en USD 58,4 millones, mientras que los pasivos externos disminuyeron en USD 134,9 millones [10]. Una posible desapalancamiento externo o, quizás, la búsqueda de refugios seguros o mayores retornos fuera del país [11]. La relación activos externos sobre captaciones del sector dinero alcanzó el 18,7% [11]. Dentro de esos activos externos, las tenencias de efectivo subieron significativamente (USD 122,4 millones), los depósitos en bancos foráneos bajaron, y los títulos valores y acciones de capital aumentaron (USD 152,1 millones) [11]. ¿Prudencia en efectivo? ¿Menor confianza en bancos específicos o una reasignación hacia inversiones más atractivas?
Mientras tanto, en el mercado interbancario, el reflejo más directo de la confianza y la necesidad de liquidez entre las propias entidades, la actividad fue mínima. Solo se negociaron USD 30,0 millones entre enero y abril de 2025 [12], una caída brutal de USD 402,0 millones respecto al mismo período de 2024 [12]. Se registró una única operación [12]. Esta quietud sepulcral plantea interrogantes ineludibles: ¿las entidades tienen liquidez sobrante y no necesitan prestarse entre sí? ¿O es la desconfianza lo que paraliza el mercado? Un mercado interbancario anémico no es, per se, una señal de fortaleza; puede ser un síntoma de fragmentación o cautela extrema.
El Banco Central del Ecuador, guardián de la dolarización, también tuvo movimientos de liquidez (USD 336,4 millones) [4, 13]. Entre sus fuentes, destacan el aumento de activos netos no clasificados (USD 188,4 millones) y los depósitos del Gobierno Central (USD 123,1 millones) [13]. Sus usos principales fueron la disminución de depósitos de OSD y la reducción de depósitos de empresas públicas/gobiernos locales [14]. Crucialmente, las Reservas Internacionales (RI) aumentaron en USD 43,9 millones en abril de 2025, alcanzando los USD 7.773,0 millones [14]. Este incremento se explica por flujos del sector privado (giros del exterior) y exportación de hidrocarburos, compensados por giros al exterior, importación de derivados y, significativamente, servicio de deuda (USD 444,4 millones) [15-17]. Las RI cubren el 100% de los pasivos de los dos primeros sistemas del BCE y una parte (34,4%) del tercero [18]. Una cifra tranquilizadora, pero cuya variación mensual pende del complejo equilibrio de flujos externos y obligaciones internas.
La banca privada se apalanca también en recursos del exterior, una "exposición" que alcanzó USD 4.912,1 millones en abril de 2025, creciendo 12,4% anual [19]. Se concentra en líneas de crédito y emisión de obligaciones (75,7%) [20]. Esta exposición representa el 5,8% del total de pasivos bancarios [19] y se concentra en los cuatro bancos más grandes (69,2%) [19]. Las tasas de interés externas (promedio 7,6%) [21] reflejan el costo de este fondeo dolarizado. Si bien es una fuente de recursos, también representa una vulnerabilidad ante movimientos bruscos en los mercados financieros globales o cambios en la percepción del riesgo país.
La liquidez del sistema financiero ecuatoriano en abril de 2025 presenta un panorama de contrastes: una desaceleración general, una dependencia marcada del sector privado, un crecimiento de las captaciones domésticas impulsado por los hogares (quizás cautos), y un aumento del crédito que convive con una morosidad hogareña creciente. La banca busca anclajes externos y reconfigura sus activos foráneos. Pero la señal más perturbadora, quizás, es la parálisis del mercado interbancario, que sugiere una posible aversión al riesgo o una desconexión en el flujo de recursos vitales entre las propias entidades financieras. Para la empresa, esto implica que, si bien el crédito sigue fluyendo (con matices en la cartera vencida), las señales de alerta existen: la sostenibilidad de la demanda de crédito doméstico y la fluidez interna del sistema financiero son desafíos ineludibles que requieren constante vigilancia. La linfa del capital sigue circulando, sí, pero su ritmo y composición invitan a una reflexión cautelosa y estratégica.